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lunes, 12 de diciembre de 2011

La Generación NO

Existe una generación, que no entiende de edades ni clases, empeñada en la negación de una realidad más que instaurada, más que probada. Periodistas o no, hay quienes todavía piensan que las redes sociales y la gestión del contenido periodístico en la red es una moda que empobrece al llamado cuarto poder. Estupefacta me hallo ante quienes, convencidos, se permiten opinar sobre el social media sin apenas haber intentado asomarse a él. Me aburren, pero también me preocupan, porque una vez más Spain is different y, como siempre, tardaremos más de la cuenta en adaptarnos a esta catarsis que en otros países ya ha dejado de ser trending topic. No seré yo quien defienda los beneficios de Facebook o Twitter, ni tampoco quien obvie sus peligros, tan presentes en mi posts.

En mi opinión, los usuarios de las redes podemos convertir sus peligros en un valor añadido, especialmente los que nos dedicamos al mundo de la comunicación: nuestra capacidad para filtrar. Y esta inabarcable Sociedad De la Información presente en la cabecera de Generación i necesita de filtradores, encauzadores profesionales que sepamos dirigir a la audiencia, a nuestra audiencia, la información que desea obtener, ni más ni menos. Esta figura del periodista gatekeeper, adoptada a finales del siglo XX, ha cobrado forma más que nunca en estos tiempos: nos hemos convertido en adaptadores del conocimiento, especialistas de la información y de la clasificación de sus fuentes.

Adaptarse o morir. Esta es, sin duda, la premisa del periodismo actual, este periodismo 2.0 que permite al ciudadano de a pie convertirse en reportero con su teléfono móvil. ¡Qué despropósito para las Ciencias de la Información! ¡De qué valen las horas de clase y los cinco años de carrera! Sé que puede resultar paradójico que una periodista licenciada piense esto pero, sinceramente, he conocido a muchos titulados con dudosa coherencia al escribir, y a ingenieros con una capacidad verbal extraordinaria. Por eso pienso que esta democratización del cuarto poder no nos hace sino más fuertes, y nos acerca al origen mismo del periodismo, recuperando en cierta manera la figura del periodista-contra-el-poder. Tan pervertida hoy en los medios tradicionales. Quienes ejercen la profesión tienen ahora la oportunidad de desmarcarse de líneas editoriales y grupos de comunicación (encajados en el sistema capitalista) y convertirse en prescriptores por quienes son, por cómo escriben, por cómo canalizan la información que reciben.

En cuanto al ámbito de la comunicación corporativa, en los últimos años he podido detectar que quien en un principio se ha resistido a asumir que los medios tradicionales han dejado de tener sentido para las nuevas generaciones, tarde o temprano no han tenido más remedido que pasar por el aro para poder continuar en la profesión. Pero hay dos formas de hacerlo: con curiosidad y ganas de formar parte de este cambio; o con recelo esperando a que pase esta moda y volvamos al periodismo tradicional. Este periodismo no volverá, de eso estoy segura, y cuanto antes nos subamos al carro mejor porque sólo con experiencia y ganas podremos asumir los muchos cambios que aún están por llegar. Bienvenidos sean.