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miércoles, 25 de enero de 2012


La culpa fue del capitán

Por suerte o por desgracia, las informaciones que nos llegan a través de la Red relacionadas con catástrofes naturales o aparatosos accidentes humanos, suelen estar especialmente marcadas por el impacto visual. Ahora más que nunca, el material gráfico se convierte en el medio de transmisión más instantáneo o, al menos, el que produce la reacción más rápida en el menor tiempo posible. Por eso, cuando un imponente crucero de 17 pisos partido en dos fue fotografiado a menos 100 metros de las rocas, los responsables de Costa Cruceros debieron pensar que esta desgracia acabaría con la compañía.

La dramática sorpresa llega cuando, a pesar de la cercanía de aquel monstruo con la orilla, hay víctimas y desaparecidos (16 fallecidos, hasta ahora). Y cuando aún no habíamos salido de nuestro asombro leyendo las crónicas sobre lo ocurrido, comienzan a filtrarse detalles sobre la actuación del capitán, Franchesco Schettino, desde que comienzan los cortes de luz hasta que huye despavorido entre los primeros botes salvavidas. Una muestra del goteo informativo, en parte fruto de la indagación de la prensa y muy en parte del interés de la compañía:

Es imposible no caer en la obviedad, nos han dado el perfil mascado: el capitán actuó como un canalla. Y, una vez centrada la atención en su cobardía y desfachatez, es complicado no dejar a un lado la responsabilidad evidente de quien lo ha mantenido en su puesto de trabajo durante los últimos 20 años, permitiéndole la irresponsabilidad de acercar el barco en más de una ocasión a la costa, poniendo en riesgo la vida de casi cuatro mil personas.
Pero, por si cabía esta duda, este fin de semana he podido leer declaraciones de sus compañeros de profesión asegurando que Schettino era muy respetado en este entorno y podía presumir de un currículum intachable (comenzó como responsable de seguridad del barco). Esto exime en parte a la naviera de cara a la galería.

Lo verdaderamente cierto es que la gestión de la comunicación de esta crisis, encomendada a Burson-Masteller, se ha llevado a cabo lo suficientemente bien como para que, hasta el momento, poco se haya hablado en los medios de la responsabilidad de Costa Cruceros en el siniestro, que ya ha expresado en un comunicado que todo se debió a un error humano significativo. En el manejo inmediato de esta crisis de reputación, ese primer impacto del monstruo encallado en la orilla ha sido paliado desviando la atención hacia las golferías de un actor secundario. Incluso dando por hecho que los errores cometidos en ese viaje son un hecho aislado dentro de Costa Cruceros, seamos realistas: han de cometerse fallos delirantes para llegar a esa catástrofe.

Ahora que el asunto comienza a desvanecerse poco a poco de la agenda mediática,  los muchos implicados en el desastre de Costa Cruceros tendrán que hacerse cargo de la otra parte de responsabilidad, muy probablemente, ante la justicia. Con su rápida respuesta, la compañía ha conseguido, al menos por el momento, que no sea la opinión pública quien juzgue y decida si sus barcos deben continuar navegando.  

lunes, 12 de diciembre de 2011

La Generación NO

Existe una generación, que no entiende de edades ni clases, empeñada en la negación de una realidad más que instaurada, más que probada. Periodistas o no, hay quienes todavía piensan que las redes sociales y la gestión del contenido periodístico en la red es una moda que empobrece al llamado cuarto poder. Estupefacta me hallo ante quienes, convencidos, se permiten opinar sobre el social media sin apenas haber intentado asomarse a él. Me aburren, pero también me preocupan, porque una vez más Spain is different y, como siempre, tardaremos más de la cuenta en adaptarnos a esta catarsis que en otros países ya ha dejado de ser trending topic. No seré yo quien defienda los beneficios de Facebook o Twitter, ni tampoco quien obvie sus peligros, tan presentes en mi posts.

En mi opinión, los usuarios de las redes podemos convertir sus peligros en un valor añadido, especialmente los que nos dedicamos al mundo de la comunicación: nuestra capacidad para filtrar. Y esta inabarcable Sociedad De la Información presente en la cabecera de Generación i necesita de filtradores, encauzadores profesionales que sepamos dirigir a la audiencia, a nuestra audiencia, la información que desea obtener, ni más ni menos. Esta figura del periodista gatekeeper, adoptada a finales del siglo XX, ha cobrado forma más que nunca en estos tiempos: nos hemos convertido en adaptadores del conocimiento, especialistas de la información y de la clasificación de sus fuentes.

Adaptarse o morir. Esta es, sin duda, la premisa del periodismo actual, este periodismo 2.0 que permite al ciudadano de a pie convertirse en reportero con su teléfono móvil. ¡Qué despropósito para las Ciencias de la Información! ¡De qué valen las horas de clase y los cinco años de carrera! Sé que puede resultar paradójico que una periodista licenciada piense esto pero, sinceramente, he conocido a muchos titulados con dudosa coherencia al escribir, y a ingenieros con una capacidad verbal extraordinaria. Por eso pienso que esta democratización del cuarto poder no nos hace sino más fuertes, y nos acerca al origen mismo del periodismo, recuperando en cierta manera la figura del periodista-contra-el-poder. Tan pervertida hoy en los medios tradicionales. Quienes ejercen la profesión tienen ahora la oportunidad de desmarcarse de líneas editoriales y grupos de comunicación (encajados en el sistema capitalista) y convertirse en prescriptores por quienes son, por cómo escriben, por cómo canalizan la información que reciben.

En cuanto al ámbito de la comunicación corporativa, en los últimos años he podido detectar que quien en un principio se ha resistido a asumir que los medios tradicionales han dejado de tener sentido para las nuevas generaciones, tarde o temprano no han tenido más remedido que pasar por el aro para poder continuar en la profesión. Pero hay dos formas de hacerlo: con curiosidad y ganas de formar parte de este cambio; o con recelo esperando a que pase esta moda y volvamos al periodismo tradicional. Este periodismo no volverá, de eso estoy segura, y cuanto antes nos subamos al carro mejor porque sólo con experiencia y ganas podremos asumir los muchos cambios que aún están por llegar. Bienvenidos sean.